Ojos de Tártaro.

Eso fue lo primero que pensó cuando la vio, con los vuelos del vestido escalando demasiado alto en los lunares de sus muslos, el escote derramado contra sus pechos pálidos, alborozados de toda la libertad que poseían.
Los siete pecados estaban arraigados bien profundo entre sus caderas, lo veía claramente bajo la luz fluorescente del burdel, en sus contoneos a través de la moqueta empapada en alcohol. Y él ahí, con las ansias prietas contra el pantalón de algodón, sin poder levantar la vista de aquella infernal cintura.

Así que se acerca con paso seguro. ¿Y por qué no iba a hacerlo? Esta es era su noche, con los billetes ocultos en los bolsillos y la mirada fija en la presa. Él tenía el control.

- Perdona, linda ¿podríamos hablar? 

Se gira. Lento, sensual. Sus ojos ónix le apresan, y de repente, se siente un estúpido sólo por haberle dirigido la palabra a semejante criatura. Se lleva los dedos a la corbata y con cuidado la ajusta, sin quitarle ojo de encima. 
La mirada de la muchacha le absorbe cuidadosamente, escrutándole, poniéndole precio. Sus rizos negros le caen por las albinas clavículas, salvajes y definidos, como si fuera una de aquellas actrices en las películas antiguas: con el cigarrillo empapado y las carnes teñidas de blanco y negro.

Sin embargo, no habla, sólo le sonríe. Una sonrisa plácida, fría, que hace estremecer su fuero interno.

- Qué callada, preciosa –le suelta él, acompañando sus palabras de una mirada lasciva, recuperando la virilidad que le había robado aquella fría mueca.- ¿Se puede saber cómo te llamas antes de que te folle entera esta noche?

Con un dedo de piel cremosa, lentamente, la chica señala un grabado ilustrado a un lado de su escote, donde descansa en hilo carmesí un nombre. El hombre sonríe lentamente, alaba el nombre tan sensual que posee y la propina que puede obtener si es tan buena como parece, y ella le dirige sin pensarlo a la parte trasera del burdel.

El hombre, consumido de excitación ante el aura tan sexy de la muchacha, no se da cuenta de nada. 

No se percata del Tártaro que se hiela en los ojos de la chiquilla, de la película transparente que inunda sus pupilas, que podrían enfriar el mismísimo infierno en el que vive: Con los labios consumidos y las rodillas temblorosas que amenazan con derrotarla, pero que tan bien ha aprendido a ocultar:

Y es que Roxanne ha acabado por cogerle práctica a esto de ser una prostituta.



Lo siento muchísimo... ¡Hace cosa de un mes que no publico! Prometo ser más constante:) 
Aquí tenéis de nuevo a la pobre Roxanne: ¡Es largo para compensar!

Por cierto, este escrito se lo dedico a Albanie M: Aunque ya no estés entre nosotros
contándonos cuentos, que sepas que los tuyos siempre quedarán en mi memoria.

13 comentarios:

  1. Eres un sol, de verdad, me has sacado una sonrisa enorme. Pero ENORME de verdad, no sé como agradecértelo, éstas cosas para mi son importantes y bueno... nunca sé que decir.

    El texto en si es genial, tienes una forma de escribir tan personal que me llena, me inunda hasta las trancas y Roxanne me ha seducido por completo :)

    Muchos, muchos besos enormes ^^

    ResponderEliminar
  2. Increíble. Y vaya vida la que relatas. El miedo y la impotencia debe de latir en su interior y proyectarse a través de una mirada casi perdida.

    Un beso enorme y continúa escribiendo. Un placer es venir a visitarte y pasearme de puntillas por estas letras tuyas.

    Abrazos.

    ResponderEliminar
  3. AAAAAH ! la ame (: siguela & pasate por mi blog..

    ResponderEliminar
  4. Puuuf... A todo siempre se acostumbra uno; aunque antes de que llegue el cambio queramos evitarlo.

    Besos

    ResponderEliminar
  5. He de decir que ese hombre es un tanto impertinente y mal educado, pero supongo que a Roxanne no le afecta ya que se encontrará a ese tipo de gente siempre debido a su trabajo de prostituta.

    (yo también he echado de menos leerte)

    ResponderEliminar
  6. Al final tenía que acostumbrarse, sino, vaya noches de llorera tendría.

    (ya te echaba de menos por aquí)


    Una bolsita llena de sugus de limón.

    ResponderEliminar
  7. Estas chicas siempre me han dado pena, que tienen que vender sus almas a borrachos de lujuria y alcohólicos de deseos.
    Un beso enorme, me ha encantado este texto^^
    (espero que estés por aquí más a menudo!)

    ResponderEliminar
  8. La vida de una chica así tiene que ser muy muy dificil... enfin, la entrada me ha gustado mucho ;)
    Pasate si puedes por mi blog, es que soy nueva :$$

    ResponderEliminar
  9. a mi me ha encantado!

    besotes!

    ResponderEliminar
  10. Pobrecita... que vida más dura.

    ResponderEliminar
  11. Roxanne a uno le quita el hipo y hasta el dolor de muelas... (aunque por dentro debe de estar rota, la pobre...)

    Tan sublime como siempre (:

    ResponderEliminar
  12. Cuando has visto romperse demasiados cristales es inevitable que se te claven pedazos dentro... y como los del espejo de la reina de las nieves, te congelen la mirada y el corazón, poco a poco. La mía se perdió, una vez, hace ya tiempo, y nunca ha vuelto del todo.
    Pero quizás sea cuestión de magia, por eso confío en hechiceras que tienen, como tú, todos los colores del mundo en los ojos.
    Así que dejo mis arterias al descubierto para que pasees por ella con tu dragón y me quedo.

    Besos, bombones y té, en el orden que quieras, las veces que quieras.

    P.D.: Por eso bebo té, porque está bueno aunque se enfríe.

    ResponderEliminar

Las tormentas en verano son la única anomalía no-cardiovascular que siempre he querido investigar: Como si el invierno y el verano dejasen de ser rivales por un momento, para amarse con una pasión grande como lo es el mundo, constelaciones y todo.

(si tienes algo que decir, hazlo ya; Que el café se enfría y C. nunca fue paciente)